Opinión
Bryan Cordero: "Si tuviese que activar Red Button de nuevo, lo haría una y otra vez"

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Bryan Cordero, arquero costarricense de 31 años, cuenta su experiencia al activar la aplicación Red Button de FIFPRO, tras ser presionado por su club, la Asociación Deportiva Municipal Turrialba, para amañar un partido de la Liga de Ascenso de Costa Rica
Por Bryan Cordero
"Dejen los valores a un lado".
Así sonó el preciso momento en el que el entrenador de mi equipo me pidió que, junto a mis compañeros, perdiéramos por dos o tres goles un partido de la Liga de Ascenso de Costa Rica a cambio de 300 dólares para cada uno.
"Para pagar todas las deudas que tiene el club. Hay contratos que pagar. Ayúdame", agregó como anzuelo.
Mi situación en la Asociación Deportiva Municipal Turrialba en febrero de 2025 no era la mejor: vendía comida en el equipo para poder sustentar el viaje hacia los entrenamientos, hacia mi casa. Tenía que vender comida porque se me atrasaban mucho con el salario. A veces pasaban meses sin que recibiera mi paga.
Pero yo como capitán jamás iba a permitir ser parte de un amaño de partido.
"De ninguna manera", le respondí. "Los valores que a mí me han enseñado en el fútbol siempre han sido disfrutarlo, amarlo y respetarlo".
Enrique Valencia no sólo era el entrenador sino también el inversionista que tenía el club junto a Ernesto de la Torre. Con ellos llegaron dos juveniles, también mexicanos, que el día previo al partido hablaron con dos de mis compañeros. Luego de esa charla, ambos me advirtieron sobre el motivo de ese diálogo: al día siguiente teníamos que perder.
Transcurrió todo normal hasta horas antes del encuentro, cuando ya en la tarde me llega un mensaje pidiéndome que fuese a una reunión en la que estarían algunos de mis compañeros, De la Torre, Valencia y José Rolando Pereira, el presidente del club. Yo ya no llegaba porque vivía muy lejos, pero me fui enterando de lo que pasaba por los mensajes que me enviaban dos de mis compañeros.
Los hicieron pasar de cuatro en cuatro a la reunión. Les ofrecieron los 300 dólares por perder. Les indicaron que había que jugar bien el primer tiempo y perder el segundo tiempo por un marcador de dos cero, tres cero. Cuando se negaban, los inversionistas los amenazaban con no jugar. El presidente del club les dijo que contaban con ellos para poder pagar las deudas.
Como siempre, yo llegué primero al estadio. De a poco fueron apareciendo mis compañeros. Primero los que no habían estado en la reunión. Yo les iba contando lo que estaba pasando porque, como capitán, no podía permitir que sucediera. Se asustaron por tener que vivir esa situación.
Faltando media hora para el inicio, llegaron los que faltaban, los que sí habían estado en la reunión. Y contaron en voz alta la exigencia que recibieron de perder. Muchos no aceptaron, a todos ellos les dijeron que no iban a jugar.
Los reuní a todos en un camerino aparte y les dije que no iba a jugar, que no podía prestarme a esa situación. Ellos coincidieron conmigo. Fue cuando Valencia me llamó a solas para decirme que dejara los valores a un lado. Como me negué, empezó a atacarme diciendo que yo estaba metido en el amaño de partidos junto a dos compañeros. Yo le exigí mi finiquito en ese mismo momento.
A menos de 10 minunutos del inicio, volví a reunir a mis compañeros. “Vea compas, yo juego este partido pero si vamos a salir a ganar“. Otro compañero de experiencia se sumó y nos acuerpamos todos. Decidimos salir a jugar el partido pero con el carácter suficiente para intentar ganarlo.
Salimos faltando cinco minutos, ni calentamos bien. A muchos compañeros se les veía eso en la cara que estaban asustados, pero yo los trataba de animar. Como a los cinco minutos, un compañero mío hizo una falta de penal y se me vinieron muchas cosas a la mente. Empecé a preguntarme si alguno sí había aceptado por temor. Cuando volvimos al camerino para el entretiempo, perdiendo 1-0, les recordé a mis compañeros que alzaran la cabeza, que no tuvieran miedo.
El técnico mexicano quería hacer cambios y meter a compañeros que no jugaban en sus puestos habituales. A un lateral por la izquierda lo quería poner por la derecha. A otro que era extremo lo quería cambiar a una posición que nunca había jugado. Intercedí y los cambios no se hicieron. Mis compañeros mismos no querían entrar así al terreno de juego.
Cuando en el segundo tiempo empatamos con un gol de cabeza, todos salimos a celebrarlo juntos. Logramos hacer un extraordinario partido a pesar de esa situación y la verdad que, como capitán, guiar a mis compañeros en ese contexto, me llenó a mí mucho. Hubo lágrimas de emoción en ese camerino, de descarga. Algunos de mis compañeros eran menores de edad.
Al día siguiente me entró un mensaje de quien es la mano derecha del presidente. Me decía que no me presentara al entrenamiento porque ya no formaba más parte del equipo. A mi compañero, el también experimentado como yo, le informaron lo mismo.
Fue cuando me puse en contacto con Steven Bryce, director ejecutivo de ASOJUPRO, la Asociación de Jugadores Profesionales de Costa Rica. Y gracias a él me enteré de la existencia de una herramienta para denunciar este tipo de situaciones y proteger nuestros nombres, nuestra carrera, nuestra reputación: la aplicación Red Button.
Steven nos explicó detalladamente cómo era el proceso para activarla, que era una anónima. También nos advirtió que, cuando regresáramos a la actividad, muchas personas, las que estaban descontentas con la buena acción que hicimos, nos iban a atacar.
Pero no dudamos en hacerlo porque el fútbol siempre lo hemos disfrutado. Lo respetamos. Lo amamos. Hicimos valer el fútbol, no dejamos que se manchara. Entonces no fue difícil para nosotros activar Red Button porque hicimos valer el fútbol. Si tuviese que activar Red Button de nuevo, lo haría una y otra vez.
Explicación de la aplicación Red Button

Claro que uno teme por la familia. Pasé ocho meses muy difíciles porque no me permitían jugar. El Turrialba no me daba la rescición de contrato y perdí contratos importantes en Primera División. Me entrenaba solo, no tenía dónde ir, tuve que volver a vender comida para aportar económicamente en mi hogar. Pero Dios me dio las las fuerzas para aguantar y el apoyo de mi esposa, de su familia y de mis hijos fue fundamental.
Y el de ASOJUPRO. Jamás nos dejaron solos. Nos mandaban mensajes, fueron a la Federación, presionaron para poder obtener la rescisión de contrato. Mi compañero y yo estamos muy agradecidos con ellos. Cuando decidí hacer público lo que había pasado, también recibí el apoyo de muchos del ambiente del fútbol. Amigos, compañeros y entrenadores me han felicitado por haber denunciado.
Hoy me siento agradecido. Agradecido con ASOJUPRO y con FIFPRO, que me acompañan en el proceso y han defendido la integridad del fútbol y mis derechos. Agradecido con el club Lankester AF, que me abrió las puertas para regresar a jugar en Tercera División. Agradecido con el Santa Ana FC, con el que volví a jugar profesionalmente a comienzos de este año. Agradecido con el apoyo de HO Soccer.
Y también me siento en paz porque al final la verdad salió a la luz. Hace pocos días, el Tribunal de Apelaciones de la Federación Costarricense de Fútbol confirmó la sanción para Pereira Calderón, De la Torre y Valencia: prohibición por 5 años de ejercer cualquier actividad relacionada con el fútbol federado.
Que se reafirme la sanción demuestra que todo lo que se presentó tenía peso. El mensaje es claro: las reglas existen y deben respetarse. Todas. El respeto al fútbol también pasa por garantizar que se cumplan los derechos laborales de los jugadores. Hoy hay resoluciones ganadas en el proceso que todavía no han sido pagadas.
Como capitán estoy acostumbrado a dar consejos. Y mi consejo más humilde para los futbolistas del mundo, especialmente los más jóvenes, es que no tengan miedo de activar Red Button. Es una protección para nosotros los jugadores. Cuando enfrenten este tipo de situaciones, Red Button y FIFPRO van a proteger tu nombre, carrera, tu familia tu futuro.
No dejemos que el fútbol se manche y saquemos a todas las personas que están haciéndole daño.





