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En su nuevo blog, el doctor Vincent Gouttebarge examina los problemas para el fútbol profesional derivados del calor.

 

Por el Dr. Vincent Gouttebarge, PhD

 

Desde la sentencia del caso Bosman en el año 1995, la transferencia de futbolistas profesionales ha aumentado exponencialmente entre distintos países o continentes. Esta movilidad internacional ha sido promovida todavía más por la reciente globalización del fútbol profesional: los principales clubes se han centrado especialmente en lejanos mercados lucrativos, mientras que los calendarios de la competición nacional e internacional se han ido acoplando unos a otros. En consecuencia, los jugadores profesionales están expuestos durante la temporada y en los periodos entre ellas a distintas condiciones medioambientales. Especialmente, en la mayoría de los continentes es muy común que transcurran semanas consecutivas de entrenamiento y de competición en condiciones de calor. Dependiendo de la capacidad física de los futbolistas para afrontar la situación, las condiciones de calor pueden repercutir sobre la calidad del juego en sí, pero también sobre su propia salud. Por lo tanto, es esencial extender la concienciación sobre los riesgos y las posibles medidas preventivas antes de jugar en condiciones de excesivo calor.

 

Respuesta corporal a las condiciones de calor

Debido a sus mecanismos normales de regulación, el cuerpo humano mantiene una temperatura interna constante, que normalmente se encuentra entre los 36,1 y los 37,8°C, y que tan solo permite variaciones relativamente pequeñas. Cuando se juega en un clima caluroso (en combinación con la elevada humedad del aire), se incrementa la producción de calor, y los futbolistas tienen que abordar un incremento de la temperatura interna del cuerpo (>40°C) y la consiguiente pérdida de líquido (y de sustancias asociadas, como minerales) a través del sudor (Wilmore 2007).

 

La transferencia de calor al entorno (al expulsarlo del cuerpo) se produce por la corriente sanguínea, que desplaza el calor desde las partes internas del cuerpo hasta la superficie de la piel. Una vez cerca de la superficie de la piel, el calor se transfiere fuera del cuerpo. Durante el ejercicio, la transferencia de calor se produce principalmente gracias al sudor (transpiración), lo que produce una pérdida significativa de líquido. Cuando se realiza un ejercicio intensivo en condiciones de calor, la pérdida de líquido debido a la sudoración alcanza los 3,5 litros por hora, ritmo que no puede mantenerse durante más de unas horas (Wilmore 2007). Por el contrario, en condiciones normales de temperatura (10°C), los futbolistas pierden una media de 2 litros de líquido a lo largo de un partido de 90 minutos. Debido a la naturaleza intensiva e intermitente del deporte del fútbol, se ha demostrado que el aumento de la temperatura interna en los futbolistas podría ser mayor que la de los atletas que participan en otros deportes de naturaleza menos intermitente (Wilmore 2007).

 

Aunque la sudoración permite una gran pérdida de calor, la temperatura interior se incrementa durante los entrenamientos o los partidos disputados en condiciones de calor excesivo, pues el cuerpo no puede liberar todo el calor producido. Cuando los mecanismos habituales de regulación no pueden expulsar (controlar) el aumento de la producción de calor (lo cual significa que no se compensa la pérdida de líquido mediante el sudor, y que la temperatura es demasiado elevada), el rendimiento queda afectado y pueden producirse trastornos derivados del estrés térmico.

 

Trastornos causados por el estrés térmico
Realizar ejercicio en un clima caluroso, en combinación con la incapacidad del cuerpo para expulsar el calor generado y mantener su temperatura interior, puede dar lugar a un grave estrés térmico. Los jugadores que entrenan y compiten en condiciones de calor atmosférico tienen probabilidad de sufrir síntomas físicos y mentales, daños en el tejido de los órganos, y en ocasiones incluso la muerte (Wilmore 2007). Durante el último medio maratón de Tel Aviv, un corredor murió debido a las condiciones de calor (32°C), mientras que en los Estados Unidos los trastornos causados por el estrés térmico son la tercera causa de muerte entre los atletas de educación secundaria. Entre los trastornos ocasionados por el estrés térmico, se encuentran los calambres térmicos, el síncope por calor y el golpe de calor (Wilmore 2007).

 

Calambre térmico: el menos grave de los tres trastornos relacionados con el estrés térmico; se caracteriza por (graves) calambres musculares de aquellos músculos que han sido utilizados más duramente durante el ejercicio (músculos de la pantorrilla en corredores y futbolistas; músculos del brazo en jugadores de tenis).

 

Síncope de calor: se caracteriza por fatiga extrema, falta de aliento, mareos, vómitos, dolor de cabeza, desvanecimiento, mayor ritmo cardiaco, e incoordinación muscular.

 

Golpe de calor: el más grave de los trastornos causados por el estrés térmico, caracterizado por un aumento de la temperatura interna superior a 40°C, cese del sudor, falta de control muscular, estado mental alterado (confusión), y pérdida de conciencia.

 

Influencia sobre el juego

Además del potencial de que se den las condiciones que provoquen un estrés térmico, jugar al fútbol en condiciones de calor podría repercutir sobre el propio juego. El fútbol es un deporte complejo, que exige gran esfuerzo físico a los jugadores. Aunque una resistencia física excelente es condición necesaria para alcanzar un nivel profesional, el resultado del partido podría depender especialmente de la capacidad (física) de los jugadores para mantener sprints de alta intensidad durante toda la duración del partido. En consecuencia, cuando se juega al fútbol profesional en condiciones de calor, la capacidad corporal de los jugadores para afrontar este entorno adverso influye de manera fundamental sobre su rendimiento físico, y por lo tanto en el propio juego.

 

En 2010, Özgünen y sus colegas observaron los patrones de actividad física y la respuesta a la temperatura de futbolistas semiprofesionales turcos, durante un partido disputado en condiciones de calor (temperatura media ambiental de 36°C). Partiendo de los 36,7°C alcanzados después del precalentamiento, la temperatura media interna de los jugadores alcanzó los 39,6°C (llegando incluso a valores individuales de 40,2°C) durante el partido. Debido a las condiciones de calor y a la fatiga que conlleva, la distancia media total recorrida por los jugadores durante la segunda mitad fue significativamente menor que la distancia recorrida en el primer tiempo (3.761 metros, frente a 4.301 metros). A idénticas conclusiones llegaron Mohr y sus colegas (2010) durante un partido disputado a 31°C, temperatura que induce a una mayor fatiga al final del juego (representada en un menor rendimiento en los sprints y en los saltos).

 

Aunque se necesitan más estudios científicos para explorar la respuesta corporal a condiciones de calor entre los futbolistas profesionales, parece claro que las condiciones de calor incrementan la fatiga en los estadios finales del juego. Esto podría incluso representar un problema cuando se entrena y se juega sobre césped artificial. Una medición realizada al azar en un día de verano mostró que la temperatura medioambiental a nivel del tobillo sobre el césped artificial alcanzaba los 50°C, lo que podría incrementar el riesgo de problemas de salud relacionados con el estrés térmico y tener consecuencias negativas para la calidad del juego.

 

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Aclimatación, estrategias de rehidratación y de refrigeración activa
Respecto a las consecuencias antes mencionadas de las condiciones de calor, parece imperativo seguir algunas estrategias adecuadas para limitar la respuesta corporal, prevenir los trastornos derivados del estrés térmico y disminuir su influencia sobre el juego del fútbol (Duffield 2012; Garrett 2012; Maughan 2010).

 

Es necesario un periodo de aclimatación para adaptarse a las condiciones de calor. Para la mayoría de los individuos, sería suficiente un periodo de 7 a 14 días. Este periodo de aclimatación es incluso más importante cuando se juegan sucesivos partidos en condiciones de calor, como puede ocurrir durante una Copa Mundial. Reducir la temperatura corporal antes de un partido o en el descanso entre tiempos (inmersión en agua fría o uso de prendas frías) ha demostrado tener algunos efectos positivos.

 

Reemplazar la pérdida de agua (rehidratación) debería ser una inquietud principal cuando se juega en condiciones de calor. El mejor método es probablemente disponer constantemente de líquidos (ricos en carbohidratos y en sodio), para que el jugador beba siempre que lo desee, pero ello no es aplicable durante un partido de fútbol. Hace tiempo que en el fútbol se han introducido en algunos países aportes hídricos extra durante cada mitad del partido jugado en condiciones de calor.

 

Directrices médicas

Aunque no se haya informado de casos documentados de golpe de calor o de muerte de futbolistas profesionales debido a condiciones de calor, la FIFA ha luchado por establecer algunas directrices para prevenir la incidencia de problemas causados por el estrés térmico durante las competiciones internacionales. De acuerdo con estas directrices, todas las decisiones relativas a la salud y a la seguridad de los jugadores se basan en la temperatura ambiental, como sigue:

  • Riesgo moderado de elevada temperatura ambiental (en relación con la humedad del aire): entre 25 y 31,9°C (77–89,4°F).
  • Riesgo elevado de excesiva temperatura ambiental (en relación con la humedad del aire): entre 32 y 38°C (89,6–100°F).
  • Riesgo extremo de elevada temperatura ambiental (en relación con la humedad): >38°C (>100°F).


A pesar de estas directrices, la final de fútbol de los Juegos Olímpicos de Beijing de 2008 (Nigeria - Argentina) se disputó a mediodía, con una temperatura ambiente superior a 32°C. Cabe observar que las Directrices relativas al Calor del Consejo Internacional de Rugby y de la Universidad Americana de Medicina Deportiva aplican un límite similar de temperatura, de alrededor de 30°C (teniendo también en cuenta la humedad del aire) para las condiciones de entrenamiento y de competición.

 

Puntos clave

  • Jugar al fútbol en condiciones de calor incrementa la temperatura interna del cuerpo, desde los 37°C a más de 40°C, lo que ocasiona una pérdida excesiva de líquido por sudoración.
  • Realizar ejercicio en un clima caluroso, en combinación con la incapacidad del cuerpo para mantener su temperatura interna, podría conducir a trastornos relacionados con el estrés térmico, como calambres térmicos, síncope por calor o golpe de calor.
  • Jugar un partido de fútbol en condiciones de calor influye negativamente sobre el juego, pues los jugadores se fatigan antes durante la segunda mitad, lo que induce a limitar la distancia recorrida y el rendimiento en los saltos y en los sprints.
  • La aclimatación (de 7 a 14 días), la disminución de la temperatura corporal y la ingesta suficiente de líquidos son esenciales para limitar las consecuencias de las condiciones extremas de calor cuando se juega al fútbol.
  • Deben evitarse las actividades de entrenamiento y de competición a una temperatura ambiental superior a 30°C.


Antiguo futbolista profesional, el doctor Vincent Gouttebarge es un investigador del Instituto de Salud Ocupacional, del Centro Médico Académico de Ámsterdam (Países Bajos), y copropietario de Vintta, unidad de investigación y asesoramiento en materia de salud deportiva.

 

 

 

 

Antiguo futbolista profesional, el doctor Vincent Gouttebarge es un investigador del Instituto de Salud Ocupacional, del Centro Médico Académico de Ámsterdam (Países Bajos), y copropietario de Vintta, unidad de investigación y asesoramiento en materia de salud deportiva.