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Su mundo se vino abajo. Su vida se trastocó por entero. Y su deslumbrante carrera se echó a perder en los altos y bajos de un asunto que iba a ser conocido como Asiagate...

Aquel día, el 18 de octubre de 2012, sentado tranquilamente en el autobús del equipo que conducía a su club, el Dynamos, a jugar un partido de cuartos de final de la Copa, contra el Artilleurs FC, Guthrie Zhokinyu todavía era un futbolista feliz, alegre y satisfecho, el alma del equipo, que además estaba siempre dispuesto a escuchar y listo para ayudar, no porque fuera el segundo capitán del equipo sino también porque, por encima de todo, era profundamente humano.

Y entonces, cuando el entrenador del equipo le entregó una carta, el internacional zimbabuense expresó su sorpresa por ser el único en recibir el adelanto de una prima, y pidió sobres para todo el equipo, porque el Dynamos tenía que ganar...

El autobús estalló en risas y aplausos. Guthrie saboreó el momento. Todavía era un futbolista feliz, alegre y de buen humor.

Pero cuando comenzó a leer la carta, su gesto se heló y apretó la mandíbula. La pesadilla acababa de empezar...

Leyó la carta. La volvió a leer. No comprendía nada.

“Por la presente le informamos de que ha sido suspendido de por vida para toda actividad relacionada con el fútbol, debido al escándalo de arreglo de partidos, en su capacidad como miembro de la selección nacional zimbabuense.”

La leyó una y otra vez. Incrédulo, miró al entrenador aturdido, como un boxeador que acabase de ser noqueado, y este propinó el golpe final al admitir que la Federación le había ordenado excluirle del equipo con efectos inmediatos.

Guthrie ya no era futbolista. Dejó de estar feliz y alegre, y perdió su buen humor.

Y no fue el único que recibió una carta de este tipo. Había otros futbolistas, entrenadores, administradores, directivos... Las suspensiones, de diversos tipos, se extendieron como una nube de langostas.

“En total, la situación afectó a 104 futbolistas y a 7 entrenadores que habían participado en los Juegos del Este Asiático entre los años 2007 y 2010.”

Sin un proceso judicial

Desmond Maringwa, Presidente del Sindicato zimbabuense de futbolistas (FUZ), conoce el informe como la palma de su mano: “Desde nuestro punto de vista, lo realmente increíble respecto a estas sanciones fue que las impusieran sin la más mínima formalidad de proceso judicial, sin que los condenados pudieran defenderse. Sancionar a un jugador como Guthrie de por vida, un internacional en la cima de su carrera, conocido por su integridad, sin ni siquiera escucharle, es simplemente inaceptable... No puede ignorarse el derecho de las personas a un juicio justo. Por lo tanto, decidimos apelar las sanciones contra Guthrie y los demás futbolistas, miembros de nuestro sindicato, llevando el caso ante la FIFA.”

Rápidamente, el Asiagate se convirtió en tema principal de debate en el mundo del fútbol. Y el FUZ se lanzó en cuerpo y alma a combatir esta injusticia, aunque sabía que el proceso para restaurar el buen nombre de Guthrie y de los demás jugadores sería largo y de resultado incierto, frente a una Federación que cerraba sus filas y que hacía oídos sordos a sus apelaciones.

“Tanto más cuando la FIFA solicitó a la ZIFA que levantara la sanción contra Guthrie, o al menos que no la extendiera a otros países, y nuestra Federación no dio el brazo a torcer, obligándonos, con la ayuda de FIFPro División África, a acudir a los tribunales civiles para clamar justicia. Dos años y siete meses después de su imposición, se canceló la suspensión de por vida. El hecho de perder dos años y siete meses tiene un enorme efecto sobre la carrera de un futbolista...”

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El FUZ organiza una primera reunión con FIFPro División África, a comienzos de 2013

Pero tiene también un efecto enorme sobre la vida de un hombre, un empleado, a quien se le niega la posibilidad de practicar su profesión, de ganarse la vida. Tan pronto como se conoció la sanción de por vida, el club de Guthrie, el Dynamos, decidió dejar de pagarle su salario y otros beneficios que le correspondían, y ello sin proceso de ningún tipo y, de nuevo, sin ni siquiera tener la disposición de escuchar los argumentos de su segundo capitán.

“Así que volvimos a los tribunales y demandamos al club por prácticas improcedentes. Y de nuevo ganamos. Guthrie inmediatamente recuperó parte de la cantidad que se le debía, con el saldo restante a zanjar en distintos pagos. El Dynamos todavía continúa pagándole hoy en día.”

“Pero no podíamos detenernos cuando las cosas estaban yendo tan bien, y decidimos llevar el caso ante el Tribunal Supremo, en nombre de Guthrie y de otros futbolistas, para que les pagaran perjuicios e intereses, teniendo en cuenta la incapacidad para jugar, las oportunidades perdidas en una carrera que se conoce por su brevedad, la pérdida de ingresos y, por supuesto, por haber mancillado la imagen de estos jóvenes que de un día para otro se convirtieron en parias, en tramposos, en estafadores... Seguimos esperando, con la confianza de que se juzgará a nuestro favor.”

Un final feliz

FIFPro División África apoya también los procedimientos iniciados en Zimbabue ante el Tribunal Supremo por el juicio contra la Federación respecto al perjuicio que han sufrido los jugadores, en particular en el desarrollo de su carrera.

Esta es la verdad de Guthrie, y de otros. Desde que ha recuperado su condición de futbolista, Guthrie Zhokinyu ha regresado al campo de juego. Y de más está decir que participó en el campo de entrenamiento para futbolistas sin contrato, que organizó el FUZ. Pronto, volverá a ser el excelente jugador que era, hasta el punto de convencer al Triangle FC, un club de Primera división de su país, con el que ha firmado un contrato de un año.

En un giro del destino, jugó su primer partido, el pasado mes de abril, contra su antiguo club, el Dynamos, y fue simplemente sorprendente. De nuevo volvió a sentirse feliz, alegre y contento, y fue tremendamente eficaz.

“La historia ha tenido un final feliz”, concluye Desmond Maringwa. “Pero para muchos futbolistas en nuestro país, y creo que en otros países, Guthrie ha sido un ejemplo a seguir. Ha defendido sus derechos, ha creído en la justicia y nunca tiró la toalla; nunca se rindió. Ha demostrado que no hay nada imposible... Y para nosotros, nuestro trabajo es defender a los jugadores día tras día, y esta lucha ha establecido el curso para nuestras futuras victorias, al emitir un mensaje fuerte y claro a todos aquellos que intentan incumplir sus obligaciones hacia los futbolistas profesionales: en Zimbabue, los futbolistas y su sindicato lucharán hasta el final para que prevalezcan la razón y la justicia.”


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