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Recientemente, FIFPro ha lanzado la campaña #GameChangers. Esta iniciativa defiende que se reescriban las normas del sistema de transferencias en defensa de un modelo más justo y sostenible para el fútbol.

Existe un grupo de futbolistas que, con una larga historia de discriminación, son un catalizador potencial para el cambio: las futbolistas. Incluso más invisibles que los hombres que están en la base de la pirámide, las futbolistas han afrontado y continúan afrontando un trato injusto del que, en gran parte, no queda constancia.

Por citar un ejemplo, una de mis antiguas compañeras de equipo, Aline Pellegrino, no pudo abrir una cuenta bancaria porque no tenía un contrato regular durante sus 16 años como futbolista. Fue la capitana de la selección nacional brasileña y ganadora de una medalla de plata en los Juegos Olímpicos.

Suele considerarse que el fútbol femenino sigue con ahínco los pasos del fútbol masculino, situándose únicamente en un estado de desarrollo 'más inicial'. Pero esta idea es demasiado simplista: el deporte femenino no está por detrás del masculino, sino que es más bien producto del propio sistema del fútbol. Es menor en dimensión y en visibilidad porque ha sido excluido y trivializado por las normas culturales, las instituciones y la industria del fútbol dominante.

Y sin embargo, es ahí precisamente donde radica su verdadero potencial de cambio. Como tal, podría argumentarse que tiene el potencial de evitar los problemas que afronta el fútbol masculino en la actualidad. El fútbol femenino no ha sido tan comercializado como el masculino, donde la pasión, la dedicación y el entusiasmo por el deporte florecen, impulsados por la conexión con las comunidades locales.

Las luchas en el seno del deporte femenino han cultivado un terreno extraordinariamente fértil para el activismo y la concienciación de carácter político. Podemos inducir a la acción en torno a un objetivo común para poner fin a un sistema de transferencias abusivo que nos perjudica a todos. Las futbolistas pueden proporcionar una fuente no explotada de liderazgo. Podemos redirigir el deporte de forma que sea más íntegro y respetable, pero no podemos hacerlo en solitario.

He aquí algunos primeros pasos: tenemos que reescribir las normas del sistema de transferencias; necesitamos más mujeres en los comités ejecutivos de las federaciones de fútbol; las Copas Mundiales no deben otorgarse a países anfitriones con un historial de abuso de los derechos humanos; las jóvenes necesitan más oportunidades para participar en este deporte; los grupos de la comunidad deben tener mayor participación en la gestión de los clubes.

Todo ello establecerá las bases para un cambio en este deporte, pero necesitamos la participación de todos.

Caitlin Davis Fisher creció en Cambridge (Massachusetts), y fue la capitana del equipo femenino de fútbol, Harvard. Posteriormente jugó a nivel profesional en Brasil, Suecia y los Estados Unidos, antes de cofundar el Proyecto Guerreiras, en Brasil. En la actualidad es escritora, etnógrafa y activista en materia de fútbol, desde Berlín, y pertenece al comité ejecutivo asesor del Fútbol Femenino de FIFPro.