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"Jugué 72 veces para Nueva Zelanda marcando 12 goles, y capitaneé diez partidos. Pero eso realmente no importa...", afirma Chris Jackson. Lo que importa es que este antiguo internacional de 43 años ha estado afrontando problemas de salud mental durante casi toda su carrera deportiva.

"A la edad de 15 años comprendí que no era feliz cuando terminé una beca para jugar al fútbol en Inglaterra, con el Wimbledon FC." En aquel entonces, el Wimbledon todavía estaba en la primera división inglesa. "Al regresar, me encontré depresivo y perdido después de haber acariciado mi sueño y de haber vuelto a la realidad mundana de una pequeña ciudad."

"Siempre me vi a mí mismo jugando al mayor nivel europeo; jugando en la Copa de Europa. El hecho de acariciar mi sueño y de posteriormente no tener la orientación para continuarlo fue lo que marcó un camino diferente para mí. A partir de ese momento mejoré, pero tuve que hacerlo todo solo, como entrenar cada día, organizar los contratos y las pruebas."

"Mientras hacía todo eso, comencé a beber y a consumir drogas con viejos amigos de la escuela. Y entonces comenzó un recorrido en montaña rusa."

"Antes de los partidos internacionales, tomaba drogas y me iba de fiesta con los amigos. Unos días después, ¡trataba de marcar a Lothar Matthäus o a Ronaldinho!"

"A nivel subconsciente, sabía que tenía problemas conmigo mismo cuando me entregaba a esos excesos. En mi interior sabía que no era feliz, y que necesitaba algo más en la vida."

"Tenía, y todavía tengo, mucha ansiedad respecto a mi desempeño. Con los años, la presión fue acumulándose, y en particular cuando capitaneé distintos equipos y tuve que ser la cara del equipo atravesando momentos difíciles. A ello también se sumaba la depresión. Solía replegarme en mí mismo y solo hallaba alivio perdiendo el control a base de drogas y de alcohol, hasta que comprendí que estaba a punto de convertirme en un adicto a las drogas y de echarme a perder..."

"Era joven y tan ingenuo que no tenía ningún mecanismo para solicitar ayuda."

"No abordé el problema en absoluto, porque nunca admití que lo tuviera; tan solo tenía que reservarme para mí mismo lo que sentía, y no mostrarlo al exterior. Así que cuando me iba de borrachera, era como una liberación física en la que inicialmente me sentía bien, pero obviamente era más perjudicial que beneficiosa para mí, tanto a nivel mental como psicológico."

"El efecto sobre mi vida profesional fue que jugaba con temor y negatividad. Simplemente trataba de superar cada partido, hasta que llegaba un pequeño alivio al final de cada temporada."

"En la vida cotidiana, mi enfermedad hizo que me apartara en gran medida de la vida social."

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"El periodo más difícil fue cuando mi padre murió de cáncer. Me encontraba a mitad de la temporada, y simplemente continué jugando. Seguí acumulando esa tensión, sin que la mayor parte del club supiera que mi padre había muerto. No recibí apoyo de ningún tipo. Tan solo recuerdo que vivía como un zombi; después de aquello no recuerdo nada más de aquella temporada."

Desde la perspectiva del fútbol, Jackson también tuvo que superar enormes decepciones. En particular, recuerda dos experiencias. En el año 2003, fue relegado de la selección nacional de Nueva Zelanda, tras la Copa Confederaciones. La Federación neozelandesa de fútbol (NZF) le informó por correo electrónico. "Habiendo representado a mi país durante 13 años y habiendo capitaneado anteriormente al equipo, lo que escribieron me conmocionó: 'Hemos escogido a un equipo de 30 hombres para los próximos juegos, así como a otros 30 hombres para el equipo secundario. Usted no está en ninguno de ellos.' No se molestaron ni en hacer una llamada, solo en escribir aquellas miserables líneas."

Ese mismo año, la directiva del club de Jackson, el Football Kingz, experimentó una reestructuración. "Nos dijeron -a los futbolistas veteranos- que no se contaría con nosotros tras una espera de 18 meses." Jackson esperó 18 meses y no solicitó ningún otro empleo para no poner en peligro su carrera con el Football Kingz. "Entonces me llamó el nuevo entrenador, básicamente para decirme que prescindían de mí. Les bastó una llamada de dos minutos conmigo, el capitán. Decir que me sentí insultado y molesto se queda muy corto."

Jackson comenzó su carrera profesional en 1990 y jugó en Nueva Zelanda, Australia y Singapur, entre otros para el Napier City Rovers, el Football Kingz y el Dandaloo FC. Fue Futbolista del Año en Nueva Zelanda en 1992 y 1995, y todavía juega a nivel semiprofesional, en el Cringila Lions, de Australia.

"Actualmente también limpio en una universidad, prácticamente por el salario mínimo."

Jackson rememora su carrera con emociones contradictorias: "En primer lugar, mi amor por este deporte me colmó y me hizo apreciar lo afortunado que fui por haber tenido esa experiencia. Pero tras años de reflexión y de estar apartado del alcohol y de las drogas, puedo ver claramente hasta qué punto arruiné mi potencial y las oportunidades que se presentaron para obtener grandes logros en el deporte que amé. Creo que podría haber alcanzado mayores metas de haber recibido consejo y orientación. Aquello fue en sí mismo el catalizador para la depresión y la ansiedad, saber que había 'perdido el barco' y, en particular, el hecho de tener que trabajar en un empleo mundano, depresivo y repetitivo, con un salario mínimo, que cada día me revela la razón de vivir."

"Así que mi situación actual realmente no es mejor que cuando atravesaba los peores momentos de mi carrera. Quizá es todavía peor, pues ahora soy más consciente de todo."

"Mi consejo a los futbolistas en activo es que acudan a un agente o psicólogo que realmente desee ayudar –alguien en quien puedan confiar- y que les escuchen y les pidan consejo de forma habitual. Finalmente, quisiera añadir que cada liga o federación debería tener terapeutas que puedan ayudar a todos los futbolistas profesionales que lo soliciten -de manera gratuita- para evitar el caos que yo tuve que atravesar en mi carrera, y que todavía estoy atravesando."

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