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Desde hace cuatro semanas los jugadores de las ligas profesionales italianas tienen que medir sus palabras. Quien profiera alguna blasfemia en un estadio de fútbol será expulsado inmediatamente. El sindicato italiano AIC califica como lamentables las consecuencias. En opinión de la FIFPro, esta nueva norma constituye una violación de los derechos fundamentales.

 

Con esta nueva norma, la Federación italiana de fútbol (FIGC) pretende poner fin a la verborrea de insultos en el terreno de juego. En Italia se ha desatado una enorme polémica sobre el exceso de blasfemias proferidas por los futbolistas (y otros deportistas). En numerosas retransmisiones televisivas de partidos de fútbol se ha podido comprobar que a menudo los jugadores usan el nombre de Dios en vano.

 

Domenico De Carlo (entrenador del Chievo) y David Lanzafame (jugador del Parma) han sido los primeros en ser sancionados con un partido de suspensión por blasfemia. Pero pronto se produjeron nuevos casos. En un partido el árbitro sacó la tarjeta roja hasta en tres ocasiones en menos de 15 minutos por escuchar a jugadores profiriendo alguna injuria a Dios. Uno de los jugadores sancionados llevaba sólo un minuto en el campo.

 

Antes de la introducción de esta nueva norma, el AIC ya había expresado sus dudas al respecto. Aunque el sindicato de jugadores acabó aceptándola, se comprometió a estudiar las consecuencias de esta medida hasta finales de la actual temporada y realizar posteriormente una encuesta entre los jugadores para conocer su opinión. Pero en sólo tres jornadas de liga el AIC ya ha recibido una verdadera avalancha de quejas, con lo que el sindicato tiene serias dudas respecto a la citada norma.

 

Hay dos formas de pillar a un jugador: si el árbitro le escucha profiriendo alguna blasfemia y  mediante las retransmisiones televisivas. Esta segunda opción es la que se discute con mayor fiereza. La FIGC recibe innumerables imágenes e incluso ha contratado a expertos en lectura de labios para pillar a los jugadores o entrenadores blasfemos. El jugador del Chievo, Michele Marcolini, se libró por muy poquito de una suspensión. Tras estudiar detenidamente las imágenes televisivas, se pudo comprobar que no había pronunciado la palabra ‘Dio’ (Dios) sino ‘Diaz’. Sobre la situación originada, el miembro del AIC Stefano Sartori ha dicho ‘Esto no es lo que se pretendía’.

 

En el seno de la FIFPro reina un gran malestar. ‘Los futbolistas, como todas las demás personas, gozan del derecho fundamental de la libertad de expresión’, explica el abogado Wil van Megen. ‘Puede que en algunas ocasiones se expresen de forma poco adecuada, profiriendo insultos, pero aun así pueden expresar su opinión libremente.’

 

 

‘Según la legislación nacional e internacional, sólo las autoridades tienen la potestad de limitar la libertad de expresión, a posteriori, mediante la implantación de leyes formales. Si la FIGC quiere abordar este asunto, deberá hacerlo con la ley en la mano. Ninguna federación deportiva tiene el poder de derogar los derechos fundamentales. Sacar la tarjeta roja por blasfemar es una sanción que supone una violación de un derecho fundamental, y es algo que no compete a la FIGC ni al árbitro.’

 

‘En una ocasión defendí a un jugador en los Países Bajos que había sido sancionado con una tarjeta roja por blasfemar. Basé mi defensa en la libertad de expresión. Desde entonces apenas hay árbitros en los Países Bajos que saquen la roja directa por blasfemar. En cambio, el árbitro sí puede sacar una tarjeta amarilla si oye blasfemias o insultos, pero únicamente como medida encaminada a restablecer el orden.’

 

‘Con respecto a otros derechos fundamentales, como por ejemplo el derecho a la vida, la libertad de prensa y la libertad religiosa, todo el mundo sabe que ninguna organización deportiva tiene el poder de derogarlos. Lo mismo puede decirse de la libertad de expresión. Sólo las autoridades tienen la competencia de restringir esta libertad, y aún así sólo pueden hacerlo a posteriori. Lo que sí hemos podido constatar es que las autoridades apenas se han preocupado por este asunto en los últimos 100 años.’

 

‘La solución habrá que buscarla en una mejor formación de los jugadores. Tan pronto como la gente se convenza de que un comportamiento correcto es más ventajoso, se habrá logrado mucho más que penalizando el comportamiento con medidas económicas’ La FIFPro apoya los programas de formación que incorporan dicho elemento.