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Análisis del fallo del TAD, TAS 2015/A/3871 Ariosa c. Club Olimpia / TAS 2015/A/3882 Club Olimpia c. Ariosa

Resumen de los hechos relativos a la disputa:

Sebastián Ariosa es un jugador uruguayo que firmó un contrato de trabajo con el club Olimpia, de Paraguay, por el periodo 17/1/11- 31/12/15. En mayo del 2013 al jugador se le diagnosticó un cáncer, y el club le permitió volver a su país natal para que siguiera un tratamiento adecuado.

En junio de 2013, las partes celebraron un segundo contrato, por el que el club reconocía deber la suma de 121.000 dólares (ocho meses de salario). En diciembre de 2013, mientras el jugador recibía su tratamiento de quimioterapia, el club rescindió el contrato, presumiblemente porque el jugador no podía cumplir con su obligación de jugar. Tras la correspondencia entre ambas partes, el jugador rechazó esta posición y rescindió el contrato en fecha 8/1/13. Cinco días después, el club rechazó la rescisión y exigió la presencia del jugador en el club para que reanudase el entrenamiento. Igualmente, informó al jugador de que se habían depositado dos meses de salario en la Federación Paraguaya, lo que requería la emisión de una factura por parte del jugador, algo que este no podía hacer pues era un empleado y no una empresa. En febrero de 2014, el jugador presentó reclamación ante la CRD de la FIFA.

En conjunto, lo que este fallo aplica, además de la reglamentación relevante, es sentido común: algo muy simple, pero verdaderamente importante y aparentemente escaso en muchos casos.

El incumplimiento reiterado del contrato por parte del club en este caso fue muy claro, incluso antes de que el jugador cayera enfermo, debido al impago de salarios durante numerosos meses y a que no hubiera provisión de seguridad social ni otro tipo de seguro (para acceder a información del caso, haga clic aquí). Pero la rescisión final del contrato por parte del club, debido a que el jugador tenía que iniciar un tratamiento de quimioterapia por su cáncer fue ‘la gota que colmó el vaso’.

Por lo tanto, en fecha 20/8/14, después de que el jugador presentara una reclamación contra el club, la CRD de la FIFA falló a favor del jugador, aceptando que el club había incumplido el contrato sin causa justificada, lo que dio al jugador el derecho al pago no solo de los salarios debidos, sino también de la indemnización por el valor restante del contrato, más un 5% en concepto de interés. La CRD comprendió que el Reglamento de la FIFA debía prevalecer sobre cualquier reglamentación nacional acordada por las partes, con tal de tener un conjunto estandarizado de normas.

La CRD destacó que una enfermedad no es causa justificada para dejar de pagar los salarios a un jugador o, todavía peor, para rescindir el contrato o dejarlo sin efecto. La CRD manifestó que es responsabilidad del club garantizar que el jugador continúe recibiendo sus salarios, lo que podría hacerse también mediante seguro.

Sin embargo, la CRD rechazó la reclamación de daño moral, la especificidad del deporte y los gastos médicos, manifestando que estos no estaban suficientemente demostrados. Rechazó también la prima por la participación en la Copa Libertadores 2013, pues el jugador no había participado en ninguno de los partidos, así como la solicitud del pago de un decimotercer mes, manifestando que no existía una base contractual para ello.

Los fundamentos de la decisión se notificaron a ambas partes el 16/12/14, y ambas partes apelaron.

Entre otras cosas, el club solicitó que se revocara la decisión de la CRD; el rechazo de la reclamación del jugador por considerarla injusta según la normativa paraguaya; y la indemnización máxima de 42.500 dólares, según el artículo 25 de la Ley 88/91, con la deducción de la cantidad que había gastado el Olimpia en reemplazar al jugador.

Por otra parte, el jugador solicitó, entre otras cosas, que la decisión se revocara parcialmente en todo aquello no aceptado, y exigió de nuevo daño moral, perjuicios por la especificidad del deporte, el decimotercer mes de salario durante la totalidad del contrato y las primas correspondientes a la Copa Libertadores 2013.

Conclusiones de TAD

Normativa aplicable:

El Panel del TAD concluyó que eran aplicables diversas normativas, siguiendo la jerarquía que establece el artículo R 58 del Código del TAD: en primer lugar el Reglamento de la FIFA, y alternativamente el Derecho suizo.

Como el Derecho suizo reconoce la libertad contractual, las partes pueden escoger la normativa aplicable. En este caso, las partes escogieron la normativa paraguaya, que sería aplicable siempre que no fuera contraria al Derecho suizo, de carácter obligatorio.

1. Reglamento de la FIFA sobre legislación nacional

El Olimpia solicitó la reducción de la indemnización reconocida por el valor restante del contrato, a la suma restante del año de la rescisión. Según la normativa paraguaya la solicitud del club implicaría que el jugador podría recibir dos meses y medio de salario, frente a los dos años completos.

El panel analizó que la normativa paraguaya reconoce una indemnización por el valor restante del contrato durante el año en curso, mientras que el art. 17 del RETJ de la FIFA hace referencia a una indemnización por el valor restante de todo el contrato. Dado que el Reglamento de la FIFA debería aplicarse en primer lugar, debido a la jerarquía establecida en el art. R58 del Código, debía garantizarse la indemnización por el valor restante de todo el contrato. Esto confirmó la decisión de la CRD.

2. No pueden deducirse los gastos de sustitución del jugador

El Olimpia solicitó la deducción de la cantidad empleada en sustituir al jugador: 240.000 dólares que “tuvo” que pagar para sustituirlo. El Panel observó que esta petición no tiene fundamento jurídico alguno; tan solo describe un coste que tuvo el Olimpia. La petición no tenía sostén jurídico, y por lo tanto se rechazó.

Este es un aspecto muy importante: no existe responsabilidad del jugador por la “necesidad” del Olimpia de contratar a otro futbolista, por lo que dicha responsabilidad no puede recaer sobre él.

3. Se aplican las remuneraciones que garantiza la legislación nacional, aunque no estén incluidas en el contrato

El derecho al decimotercer mes es obligatorio en la normativa paraguaya. El art. 17 del RETJ de la FIFA manifiesta que uno de los criterios a tener en cuenta para determinar la suma de la indemnización es la ley nacional.

La CRD había negado ese derecho porque no se había acordado así en el contrato. Sin embargo, y como se explica anteriormente, el TAD entendió que la normativa aplicable a este contrato era múltiple, y que incluía la legislación nacional. Además, el propio contrato designa la Ley 88/91 como normativa aplicable. Por lo tanto, para decidir si debía concederse o no el decimotercer mes, el Panel analizó si la normativa nacional tenía carácter obligatorio o no, y si en alguna parte del contrato quedaba patente la intención de las partes de incluir el decimotercer mes en la remuneración acordada.

El Panel concluyó que a menos que exista un acuerdo expreso en contrario, los derechos que emanan de la legislación local y del contrato son acumulativos, y no excluyentes. Además, este derecho emanaba de la normativa laboral obligatoria, y no podía darse por hecho su inclusión real o supuesta en la remuneración establecida en el contrato. Teniendo en cuenta todo ello, se reconoció el decimotercer mes durante el periodo completo del contrato, ya que nunca se había pagado.

El jugador es un trabajador, por lo que se le debe aplicar la normativa obligatoria al igual que se aplica a cualquier otro trabajador. La normativa y el contrato deben considerarse como algo acumulativo en una interpretación in dubio pro operario. ¿Por qué es aplicable en este caso la normativa nacional, y no en la solicitud del Olimpia de reducir la indemnización, de conformidad con la misma normativa? Porque la FIFA no reglamenta el decimotercer mes, mientras que sí reglamenta la indemnización por incumplimiento del contrato.

4. El contenido de la cláusula es esencial a la hora de juzgar si se deben primas

El Panel señaló que la condición manifestada en el contrato en lo relativo al pago de primas era que este todavía era válido y no, como consideró la CRD erróneamente, la participación del jugador en el partido. Por lo tanto, dado que el contrato todavía no había concluido cuando el equipo participó en la Copa Libertadores 2013, y aunque el jugador no participara en ninguno de esos partidos, se le deben las primas.

5. Daño moral: conducta severa y excepcional

En primer lugar, el Panel analizó que aunque el daño moral no quede regulado en el RETJ de la FIFA, la legislación suiza y la paraguaya sí lo regulan, y son aplicables según el acuerdo alcanzado entre las partes y según el artículo R58 del Código del TAD, como se ha explicado anteriormente.

En cuanto a la naturaleza de este perjuicio, el Panel consideró que el derecho a recibir indemnización por daño moral no tiene una naturaleza punitiva, sino compensatoria: forma parte del deber de compensar el perjuicio causado. Sin embargo, el Panel alerta del riesgo que presenta el abuso de esta figura jurídica, y por lo tanto manifiesta que debe quedar claro que la conducta del club fue excepcional (superior a lo que una sociedad debería soportar) y severa o grave (en cuanto a lo que una persona razonable considera increíble).

En este caso se entendió que había un daño moral, debido a la preocupación y a la inseguridad que el Olimpia causó al jugador. El Panel manifestó que es correcto exigir pruebas para demostrar el perjuicio, pero que como este es un perjuicio a nivel personal y anímico, se reconoce que su demostración es más difícil. El panel manifestó, sensatamente: “Exigir una prueba material de un perjuicio inmaterial podría perfectamente equivaler a exigir lo imposible”, lo que se conoce como probatio diabolica. Por lo tanto, el órgano decisor tiene la posibilidad de discernir. Es decir, la posibilidad de examinar las circunstancias y determinar si es válido y probable inferir que se causó un dañomoral. El daño moral debe inferirse de manera natural.

El Panel comprendió que una sentencia que no tiene un coste para la parte que comete el acto ilícito puede incrementar el agravio cometido: no solo dejando a la parte perjudicada en la misma situación que hubiera tenido de no haberse aceptado dicho acto, sino peor aún, al reconocer que se ha producido un acto ilícito y que la Ley no ha hecho nada al respecto.

La conducta del Olimpia fue excepcional y severa, tanto por el contexto como por sus efectos.

Como se ha mencionado anteriormente, este fallo es de sentido común a la vez que humano. Como resultado, así es cómo el Panel ha descrito el contexto y los efectos: “Dado que la patología que presentaba el jugador tiene un elevado índice de mortalidad, no es exagerado afirmar que estaba afrontando uno de los mayores retos de su vida. Debido a la naturaleza y a la gravedad de la patología, el Tribunal no duda en suponer que el jugador estaba en situación vulnerable. La energía y el objetivo del jugador tuvieron que centrarse totalmente en combatir su enfermedad. Luchar por su vida. En este contexto, el Panel considera válido suponer que la acción del Olimpia no solo tiene un efecto desviador, sino que actuó como una carga extra de ansiedad sobre los hombros del jugador, que hubiera sido preferible evitar. Esta ansiedad adicional es atribuible en su totalidad al Olimpia, puesto que se suma a la provocada por la propia patología” (traducción libre).

Los efectos –preocupación e inseguridad- los describieron tres testigos: la esposa del jugador, un amigo, y su oncólogo. El Panel reconoció que los testimonios de los dos primeros podrían ser sesgados. Sin embargo, tuvo en cuenta también que tan solo el círculo más cercano al jugador podía saber cómo se sentía anímicamente. Por lo tanto, aunque el peso de esta prueba se consideró intermedia, también fue relevante. Evidentemente, el valor del testimonio del oncólogo fue superior, pues como profesional podía describir el efecto del ánimo del jugador sobre el tratamiento, una vez este supo que el Olimpia había rescindido su contrato.

El Panel resumió la conducta del Olimpia como incumplimiento de casi todas sus obligaciones. Además, reincidió en ella, pues no cumplió lo acordado ni antes ni después de la firma del segundo contrato. Y lo más importante, el club actuó con evidente mala fe.

El Panel destaca que se han producido dos actos muy claros de mala fe: el depósito del Olimpia de determinada cantidad debida al jugador en la Federación, en lugar de depositarla como hizo con otros pagos en años anteriores al contrato, y exigir que el jugador enviara una factura, lo que imposible para él, pues era un empleado y no podía emitirlas. Además, el jugador estaba en el curso de su tratamiento en Uruguay, y no pudo presentarse en la Federación de Paraguay para tratar de resolver el problema.

El segundo acto evidente de mala fe es el aviso de incumplimiento enviado al jugador, manifestando que debía reanudar los entrenamientos, después de que este rescindiera el contrato. Esa exigencia llegó cuando el jugador estaba luchando por su vida, recibiendo quimioterapia en Uruguay.

El Panel considera que estas dos acciones concretas del club tenían como finalidad perjudicar al jugador.

Se establece claramente que el Olimpia no es responsable de la condición del jugador, por lo que el problema no es de origen, sino de respuesta. El problema es la forma en que el Olimpia reaccionó a la enfermedad del jugador: dejar de pagar, rescindir el contrato de manera unilateral y poner al jugador en situación de no poder cumplir con la exigencia de reanudar el entrenamiento en el curso de su tratamiento. Esto es excepcional y severo, además de ilícito.

“Una persona que sufre una enfermedad mortal es vulnerable; es una cuestión no solo de decencia, sino también de humanidad responder con respeto y deferencia” (traducción libre).

Se considera que una sanción que no repercuta sobre la parte que cometió el acto ilícito puede empeorar el agravio, no solo dejando a la persona afectada en la misma situación en que estaba antes de cometerse el acto ilícito, sino aún peor, reconociendo que aunque se haya producido dicho acto ilícito, la Ley no ha hecho nada al respecto. De ahí la importancia de reconocer tales perjuicios.

El Panel decidió no tener en cuenta la cantidad exigida por el jugador, sino un porcentaje de la suma total del contrato, considerando que ello sería más objetivo. El porcentaje escogido fue del 7%, pero no expresó razón alguna para dicho porcentaje y no otro. Comprensiblemente, es muy difícil calibrar un sentimiento interno en términos monetarios.

Parece ser la primera vez que el TAD ha reconocido daño moral al jugador.

6. La especificidad del deporte también se aplica a los futbolistas

Otra parte innovadora de la decisión es el reconocimiento de indemnización al jugador, en concepto de especificidad del deporte.

El concepto y el uso de la especificidad del deporte han sido siempre objeto de controversia, pues el TAD lo ha empleado antes a beneficio de los clubes y a modo de indemnización extra, lo que hacía prácticamente imposible la rescisión del contrato por parte del jugador, debido a las enormes cantidades que se exigía a los jugadores, como ocurrió en el caso Matuzalem.

En el fallo analizado, el Tribunal comprende este concepto como una conducta contraria a los valores que inspiran al deporte en cuestión. Una especie de “ética deportiva” inherente al fútbol, teniendo en cuenta los intereses de las partes interesadas y de la audiencia.

La explicación al reconocimiento de esta indemnización extra es muy similar a la del reconocimiento de la indemnización por daño moral, pero esta vez considera al jugador no únicamente persona, sino también parte interesada clave en el mundo del fútbol:

“La conducta del Olimpia, debido a su excepcionalidad y severidad, es contraria a las necesidades y al espíritu del fútbol, donde los futbolistas desempeñan un papel clave. El incumplimiento reiterado del contrato y el agravio a un jugador en el momento más vulnerable de su vida es contrario a los valores que sirven de inspiración al fútbol. Los futbolistas merecen respeto y atención: los contratos deben cumplirse”.

De nuevo, y para ser más objetivos, se tiene en cuenta la suma del contrato, y que un 10% de la misma se garantiza como indemnización por la especificidad del deporte. Tampoco se da una explicación más amplia sobre por qué se empleó el porcentaje del 10%, y no otro. Cuando se aplica a favor de los clubes, consiste en el salario de seis meses. Aunque este precedente parecía no haberse seguido, en este caso el 10% iguala la cantidad promedio de seis meses de salario.

Algunas reflexiones adicionales:

Es posible preguntarse lo que pensaría este Panel de la práctica de deducir el ingreso del jugador por un nuevo contrato, a la indemnización que le debe el primer club en caso de incumplimiento del primer contrato. Aplicando el mismo razonamiento que el Panel, podemos afirmar que no existe fundamento jurídico para deducir los nuevos ingresos a la indemnización debida. La jurisprudencia de la CRD a este respecto puede dar lugar a la absurda situación de que si el club incumple el contrato y el jugador encuentra un contrato más ventajoso, el club no tenga que pagar nada. Por otra parte, si seguimos el análisis del Panel en lo referente al daño moral y a cómo una sanción que no se aplica a la parte que cometió el acto ilícito puede agravarlo, pues deja a la persona en la misma situación que estaba antes de producirse dicho acto ilícito, podríamos concluir que esta aminoración no debería aplicarse. Si bien esto compara distintas situaciones, la lógica empleada podría ser la misma.

El reconocimiento claro de actitudes de mala fe por parte de los clubes es vital para los futbolistas, y un gran paso adelante. Hay muchos casos en que los clubes abusan de su posición e imponen sanciones (multas, prohibición de entrar en las instalaciones de entrenamiento), o exigen a los futbolistas acciones imposibles de cumplir (como en este caso), o les envían a entrenar en solitario, con tal de presionarlos a hacer lo que los clubes desean; es decir, firmar un nuevo contrato, firmar un acuerdo de rescisión, firmar un documento por el que renuncien a sus derechos a solicitar indemnización, o cualquier otra acción que convenga al club en vista de las circunstancias. Los clubes han estado haciendo esto durante demasiado tiempo, y ya era hora de que se tomasen medidas al respecto.

A partir de ahora, y partiendo de este fallo, cabe esperar que quede muy claro que: i) los clubes no pueden rescindir o suspender un contrato por la enfermedad del jugador; ii) si los clubes actúan de mala fe, esa conducta puede revertir contra ellos en forma de daño moral, pues el análisis de las pruebas de daño moral podría considerarse de un modo menos estricto.

Obviamente, este fallo es bien recibido.


 

 

1. Este artículo manifiesta que en caso de rescisión del contrato por incumplimiento del club, el jugador tiene el derecho a recibir una indemnización por la cantidad restante del contrato en el año en curso.

2. “Normativa aplicable a los méritos. El Panel zanjará la disputa según la reglamentación aplicable y, de forma subsidiaria, según la normativa escogida por las partes o, si no han escogido ninguna, según la normativa del país en que la Federación, asociación u organismo relacionado con el deporte que haya emitido la decisión apelada tenga su sede, o según la normativa que el Panel considere adecuada. En este último caso, el Panel expresará las razones para su decisión.”

3. Esto se incluye también en el artículo 66.2 de los Estatutos de la FIFA.

4. Art. 81, Ley 88/91.

5. El contrato se rescindió en fecha 8/1/14.

6. Este es otro argumento que podría aplicarse a la atenuación del valor restante del contrato, referido anteriormente. Si se deducen los nuevos ingresos, y si estos son superiores, el club que incurre en incumplimiento no se verá afectado por dicho incumplimiento.

7. La jurisprudencia de la CRD de la FIFA manifiesta que la indemnización debida al jugador será “aminorada” con los ingresos del jugador en su nuevo club durante el plazo del contrato original, con objeto de no “compensar en exceso”. Sin embargo, ¿por qué el club que ha incumplido el contrato tendría que beneficiarse del trabajo del jugador, o del hecho de que este obtenga un nuevo empleo?