Ode Fulutudilu 1

Ode Fulutudilu: La refugiada que fue a la universidad y ahora es profesional

Formación y desarrollo Crónicas sobre futbolistas

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Ode Fulutudilu 1
  • Ode Fulutudilu llegó a Sudáfrica a través de Angola, como refugiada.
  • Nacida en la República Democrática del Congo, juega como internacional para Sudáfrica.
  • Fue la primera jugadora sudafricana que jugó a nivel profesional en España, y ahora juega para el Glasgow City.

Nací en Kinshasa, lugar sumamente inseguro. Había soldados rebeldes merodeando por las aldeas, así que nuestro padre nos llevó a mi hermana, mi madrastra y a mí a Angola. Pero poco después, la agitación social también empeoró allí. La idea de mi padre era llevarnos a un país donde pudiéramos crecer sabiendo que estábamos seguras y accedíamos a una educación, por lo que viajamos a Sudáfrica.

Vivíamos en Johannesburgo, en un apartamento de una sola habitación, con uno de los amigos de mi padre y su pareja. Después de cuatro años nos trasladamos a Ciudad del Cabo, y de nuevo estuve con amigos de mi padre. Íbamos cambiando de lugar constantemente, a casa de quien tuviera una cama libre para nosotros, y nos quedábamos allí hasta que encontrábamos otra cama. Para entonces, mi padre se había separado de mi madrastra, y mi hermana se había quedado con ella.

Las condiciones me imposibilitaron tener una formación normal. Fui a la escuela durante un breve periodo de tiempo, después me ausentaba un largo plazo de tiempo, y así seguía.

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Al tener documentación únicamente como refugiado, la situación se hizo muy difícil para mi padre, quien no tenía muchas destrezas ni formación. Podía acceder únicamente a trabajos del más bajo nivel, como vender frutas en la calle. Tras un tiempo, la situación se tornó sumamente acuciante para él, hasta el punto en que nos resultaba difícil obtener techo y alimentarme. Él siempre me puso a mí en primer lugar. Solía pasar hambre para asegurar que yo tuviera algo que comer. Pero pudo ver que eso no era bueno para mí, así que decidió que lo mejor que podía hacer por mí era dejarme al cuidado del Gobierno sudafricano. Tuvo que dejarme ir, para que yo pudiera aspirar a una vida mejor. Fue una decisión totalmente desinteresada.

Por lo tanto, cuando tuve aproximadamente 11 años, fui a un albergue para niños, lo cual fue, honestamente, lo mejor que pudo pasarme. Ya no tenía que preocuparme por si iba a dormir esa noche, o de dónde iba a sacar mi próxima comida. Verdaderamente, eso me dio la estabilidad para poder ser una niña.

Fui a tres albergues para niños, y en el último, el St. Michael, mi vida cambió espectacularmente. Durante este tiempo, mi padre volvió a Angola para buscar un trabajo mejor. Hoy en día, continúa allí y hablamos frecuentemente por teléfono.

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En el St. Michael me uní por primera vez a un club de fútbol, y también me compraron mi primer par de botas. Fue tan excitante poder tenerlas. Acudía al entrenamiento regularmente, y me enamoré del juego. Allí encontré también una segunda madre: una misionera inglesa, también entusiasta del fútbol. Me ayudó a conseguir mi beca para una universidad estadounidense. Pero, antes de poderme ir, tenía que conseguir la nacionalidad sudafricana, pues hasta entonces era una expatriada. Fue una batalla preparar todo el papeleo, pero mi madre adoptiva me ayudó.

Pude estudiar en la universidad al ser admitida casi en el último instante, pues mi base académica no era muy buena. No aprendí a leer hasta que tuve casi 12 años. Tenía la sabiduría de la calle, pero no de los libros. Sin embargo, en la universidad me fue bien, pues trabajé muy duro para llegar al nivel.

Después de cuatro años, me gradué como asistente social y obtuve mi licenciatura en Sociología, en la Universidad Lee, de Cleveland (Tennessee).

Mientras estaba en Estados Unidos, me convocaron para el equipo sudafricano. Ser seleccionada me hizo realmente feliz. Después, jugué en la Copa Mundial 2019.

Cuando volví a Sudáfrica trabajé como asistente social, pero deseaba seguir en el fútbol y llegar a ser futbolista profesional. He jugado para el Málaga, en España, y para dos clubes de Finlandia; ahora, juego para el Glasgow City.

Aunque hoy en día soy futbolista profesional, suelo recordar mis tiempos como refugiada. Y me entristece ver a los refugiados, porque recuerdo sentirme rechazada en Sudáfrica. Sé cómo se sienten. Entonces, solía pensar: ¿y si Sudáfrica me seguía rechazando y no podría alcanzar la vida que tengo ahora? Por ello, me rompe el corazón ver cómo son tratados los refugiados, especialmente niños que no han tenido elección alguna. Se encuentran lidiando esa situación debido a la decisión de sus padres. La mayoría de los refugiados dejan su hogar, porque literalmente no tienen otra elección. Muy pocos se van porque deseen simplemente ganar más dinero. La mayoría de ellos huyen por su seguridad y por la seguridad de su familia.